
¿Cómo puede transformarse un residuo industrial en un nuevo punto de partida material y cultural? Esa es la pregunta que atraviesa “Escoria: topografías del descarte”, la exposición de la arquitecta y artista visual Victoria Jolly Mujica, inaugurada en el Parque Cultural de Valparaíso el sábado 7 de marzo, y que permanecerá abierta a público hasta el 12 de abril.
La muestra surge tras el cierre de la Fundición Ventanas de Codelco, ocurrido el 31 de mayo de 2023 luego de casi seis décadas de operación. A partir de ese hito, la artista desarrolló una investigación que explora las posibilidades materiales y simbólicas de la escoria del cobre, uno de los principales residuos generados por la actividad minera.
Victoria Jolly Mujica es académica de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos UC, y miembro académico del Centro de Innovación del Hormigón UC. Sus obras en hormigón destacan por abordar al unísono la experimentación del material, la arquitectura y el arte, dejando al descubierto espacios incómodos de la modernidad que no han sido explorados, tales como la [des]conexión entre hormigón y naturaleza, la escases de recursos naturales, la alta producción de residuos industriales y el impacto del entorno.
La exposición “ESCORIA: topografías del descarte”, propone una suerte de transformación alquímica del descarte extractivo, convirtiendo la Sala Laboratorio del espacio cultural en un entorno donde hormigón, textiles y escritura dialogan para abrir nuevas preguntas sobre la materia y el paisaje.

Paisajes del descarte
La investigación que da origen a la exposición comenzó varios años antes de su materialización en sala. Durante un recorrido por el norte de Chile en 2017, la artista se encontró con grandes montañas blancas de residuos asociados a la extracción de litio en pleno desierto. Aquella experiencia inicial instaló una inquietud persistente: cómo pensar la habitabilidad de estos paisajes construidos a partir del descarte industrial.
Esa pregunta reaparecería más tarde mucho más cerca de su propio territorio, en el escorial asociado a la fundición de Ventanas, en la zona de Quintero y Puchuncaví.
“Finalmente la montaña de residuos la encontraría mucho más cerca, en el territorio vecino a Punta de Piedra, en Ritoque… Específicamente en el escorial de la fundición Codelco Ventanas".
Victoria Jolly
Arquitecta

La investigación surge al preguntarse si aquello que hoy entendemos como descarte puede volver a aparecer como materia.
La escoria —material resultante del proceso de fundición del cobre— ocupa un lugar central en esta exploración. Según señala la artista, se trata de una materia situada entre distintos mundos: parte mineral natural y parte residuo industrial.
“La escoria aparece como una materia compleja, una materia liminal, a medio camino entre mineral natural y residuo industrial, que conserva en su interior tanto la huella del fuego industrial como la latencia mineral de la tierra”.
Victoria Jolly
Arquitecta
En Chile, por cada tonelada de cobre producida se generan aproximadamente tres toneladas de escoria, lo que ha dado origen a extensos depósitos de descarte mineral a lo largo del territorio. Frente a ese escenario, la investigación propone volver a mirar estos residuos como posibles reservorios materiales para nuevas aplicaciones.

Arte, materia y territorio
El proyecto también se nutre de una observación directa del territorio donde se emplaza el escorial. Durante sus recorridos, la artista identificó que el paisaje no se reduce únicamente a su dimensión industrial.
En el entorno de la fundición conviven múltiples capas territoriales: desde el escorial acumulado durante décadas hasta ecosistemas como el humedal de Campiche, que permanece oculto detrás de la gran montaña de residuos.
“Más que pensar un ‘antes’ y un ‘después’, el proyecto intenta abrir una forma distinta de mirar estos territorios, donde los pasivos ambientales puedan comenzar a ser entendidos como reservorios materiales”.
Victoria Jolly
Arquitecta
La exposición incorpora también una cartografía sensible de estos lugares a través de observaciones de campo, recolección de muestras y acciones performáticas que establecen un contacto directo con la materia.
Las piezas exhibidas recorren así dos territorios principales: el escorial histórico de Ventanas, ubicado sobre el humedal Campiche en Puchuncaví, y el humedal de Mantagua en la Ciudad Abierta de Ritoque, lugar de residencia de la artista.

La reinvención del hormigón
Dentro de la muestra, el hormigón aparece como un material clave para explorar nuevas posibilidades de uso de la escoria.
Para Victoria Jolly Mujica, este material puede entenderse como una invención que cada época vuelve a preparar con las materias disponibles en su contexto.
“El hormigón no es sólo un material: es una invención que cada época vuelve a preparar con las materias que tiene disponibles”.
Victoria Jolly
Arquitecta

En esa línea, la exposición presenta una pieza central: un cuenco mineral elaborado con hormigón cuyos agregados provienen íntegramente de escoria de cobre. El material fue vaciado en moldajes textiles flexibles, permitiendo que el propio comportamiento físico de la mezcla genere formas orgánicas.
Este procedimiento da origen a una piedra artificial capaz de contener agua y reflejar el paisaje circundante, convirtiéndose en un primer ensayo material que busca reimaginar el destino de estos residuos industriales.
Una pregunta abierta
Más que ofrecer respuestas definitivas, la exposición propone abrir nuevas preguntas sobre la relación entre industria, territorio y materialidad.
“La pregunta no es sólo qué encontramos en el territorio, sino qué hacemos con aquello que recibimos”.
Victoria Jolly
Arquitecta

Desde ese cruce entre arte, investigación material y reflexión territorial, “Escoria: topografías del descarte” invita a mirar de otra manera aquellos paisajes que suelen permanecer invisibles en la vida cotidiana: las montañas de residuos que acompañan silenciosamente la historia productiva del país.
Al año producimos 54,5 millones de toneladas de montañas de topografías de descarte. En Chile tenemos más de 800 lugares de depósitos de relaves y escorias a lo largo de todo nuestro territorio. La política nacional minera pretende que en 2050 dupliquemos la producción del cobre y, por otra parte, el hormigón es el material más utilizado en el mundo después del agua.
«Entonces, para hacer hormigón en nuestro país requiere 11 millones de metros cúbicos de áridos, es decir, de piedras naturales. ¿Y cuál es la grieta de todo esto? Que de esos 11 millones de metros cúbicos de piedras naturales anuales utilizados solo en Chile, cuatro son de las plantas formales y otros 7 millones de piedras las sacamos, las extraemos de manera ilegal, es decir, afecta nuestras cuencas hídricas y nuestro territorio. Entonces, mi pregunta es, ¿vamos a mirar el descarte? ¿Es posible pensarlo como un material? Llevo dos años trabajando en un laboratorio haciendo estas pruebas, y adentro ustedes van a encontrar una pieza en forma de cuenco, una piedra realizada con 100% de áridos de escoria del cobre y solo dejo preguntas, ¿vamos a poder trascender el cuerpo? ¿Vamos a poder trasladar el descarte en otro cuerpo? ¿Podremos abrazar la escoria? Como dijo Francisca Márquez, “no tenemos la respuesta, pero aquí hoy día hay un intento”».
[Palabras de cierre de Victoria Jolly Mujica en cierre inaugural Exposición "ESCORIA: topografías del descarte"].
Y quizás esa sea, precisamente, la pregunta que nos queda:
Si aquello que fue descartado
podrá alguna vez
convertirse en otro cuerpo material.
Autora: Valeria F.