
El hormigón ha sido un material con especial protagonismo en el entorno construido, siendo un referente de modernidad, minimalismo y, sobre todo, de durabilidad y resistencia. Su versatilidad y capacidad de adaptarse a la forma de su moldaje le han permitido estar presente en infraestructura vial y subterránea, puentes, edificios y sistemas como represas y aeropuertos, entre otros desafíos de la ingeniería. Sin embargo, ciertos cambios climatológicos plantean nuevos desafíos a los que la industria y la normativa deben responder con mayor urgencia: olas de calor y lluvias extremas, aumento del nivel del mar, ciclos térmicos más agresivos, entre otros.
Particularmente en Chile, el foco ha estado en avanzar en el desarrollo de un diseño sísmico cada vez más resiliente, una mayor durabilidad frente a agentes agresivos y la utilización de agregados reciclados y la valorización de residuos ante la inminente escasez de recursos naturales. No obstante, los últimos acontecimientos sugieren que podríamos enfrentarnos a nuevos desafíos poco explorados hasta ahora, tales como una mayor presencia de tornados o aumentos abruptos de temperatura en zonas frecuentemente frías, entre otros factores que, si bien son aislados, evidencian cambios importantes en la forma en que entendemos la resiliencia del hormigón.
En este reportaje se aborda, de manera general, cuáles son las medidas que se están tomando en otros países para crear estándares y actualizaciones normativas que integren criterios de resiliencia climática, y cómo Chile podría ser parte de esta discusión.
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¿Qué significa “resiliencia climática” para el hormigón?
La resiliencia climática es la capacidad que tiene una estructura para prepararse, resistir y recuperarse de impactos climáticos extremos —como inundaciones, olas de calor, variaciones térmicas abruptas o grandes precipitaciones— minimizando los daños medioambientales, económicos y, sobre todo, sociales.
Fuente: Concrete Compass: Climate change resilience
La resiliencia frente al cambio climático fue uno de los ejes principales de la publicación Ahead of the Game de The Concrete Centre, publicada en el año 2015. Desde entonces, en el Reino Unido se han reforzado normativas y tendencias para enfrentar los diferentes escenarios actuales y futuros asociados al desempeño del hormigón y la mampostería.
Dentro de los ejes que considera este documento se encuentran la resistencia al fuego, la masa térmica, la durabilidad, el rendimiento del aislamiento acústico, la robustez y seguridad, y, finalmente, la resiliencia frente a inundaciones.
Fuente: Flood resilient construction. Improving the flood performance of buildings. Guide
Enfoques clave para la resiliencia del hormigón
La industria del hormigón en el Reino Unido (UK Concrete) ha implementado diversas mesas de trabajo para abordar esta problemática, definiendo los siguientes aspectos como factores clave:
- Evaluación y planificación: integración del riesgo climático en evaluaciones y planificación de la adaptación, estableciendo prácticas de monitoreo y desbloqueando fondos para la adaptación.
- Política y defensa: promover campañas y abogar por el apoyo político y la financiación adecuados en todos los niveles gubernamentales.
- Diseño y adaptación: rehabilitación de edificios existentes y diseño de nuevas edificaciones para resistir los riesgos climáticos, adoptando principios regenerativos y priorizando una transición justa.
- Energía, materiales y uso de recursos: elección de materiales sostenibles y aplicación de los principios de la economía circular para diseñar un entorno construido energéticamente eficiente y que ahorre recursos.
- Planificación urbana y transporte: creación de áreas urbanas que protejan a las personas, mejoren el bienestar y fomenten un transporte sostenible y bajo en carbono.
- Concienciación y colaboración: mantenerse informado sobre peligros, impactos y riesgos, y generar colaboraciones para responder de manera eficaz.
- Enfoque ecocéntrico: defender la naturaleza y a las personas como parte integral de la resiliencia a largo plazo.
De acuerdo con la Hoja de Ruta de Resiliencia Climática del Reino Unido, “un entorno construido resiliente al clima anticipa los impactos y puede adaptarse y resistir tanto las tensiones crónicas a largo plazo como las crisis a corto plazo. Es capaz de mantener sus funciones básicas y recuperarse rápidamente, tanto de forma independiente como dentro de sus sistemas físicos y socioeconómicos más amplios”.
Esta visión requiere acciones clave por parte de las organizaciones, fomentando la colaboración permanente entre el sector privado, la sociedad civil y el gobierno para avanzar y sostener la resiliencia climática, en consonancia con la mitigación del cambio climático, dos focos que deben abordarse de manera paralela.

Fuente: UK Concrete.
Estándares que integran cambio climático
Mientras que las normas tradicionales —en Chile, Europa o Estados Unidos— han priorizado el desempeño mecánico, la durabilidad frente a agentes químicos o el diseño sísmico, nuevos códigos ya incorporan explícitamente factores asociados al cambio climático:
✔ Flood Resilient Construction (Reino Unido): guía para el diseño resistente a inundaciones (BS 85500:2025).
✔ Concrete Climate Resilience Guides (The Concrete Centre, Reino Unido): recursos enfocados no solo en el diseño estructural, sino también en la respuesta de los materiales y detalles constructivos frente a olas de calor, inundaciones e incendios naturales.
Estos códigos se inspiran en informes climáticos como los del IPCC, que alertan sobre eventos cada vez más frecuentes y extremos, los cuales pueden acelerar mecanismos de deterioro como la corrosión, la carbonatación y el daño térmico en estructuras de hormigón.
En el caso de la norma BS 85500:2025 “Flood Resilient Construction”, esta proporciona recomendaciones específicas sobre diseño, materiales y detalles constructivos que mejoran la resistencia y la recuperación tras inundaciones. La norma trasciende los requisitos estructurales tradicionales y considera soluciones que mantengan la integridad de los edificios cuando el agua aumenta o afecta la estructura, como el uso de placas de hormigón estructural que eviten la degradación por capilaridad o humedad ascendente.
Aplicaciones prácticas de hormigón resiliente
Pavimentos permeables y control de inundaciones:
El uso de hormigón permeable puede contribuir a enfrentar episodios de lluvia extrema, facilitando la infiltración del agua y mitigando la sobrecarga en los sistemas urbanos de drenaje. Las ventajas de los pavimentos drenantes son múltiples, ya que no solo reducen la escorrentía superficial, sino que también mitigan el riesgo de accidentes y disminuyen los efectos de las islas de calor, especialmente en zonas urbanas.
Reportaje: Hormigón permeable, una solución sustentable para el equilibrio de las ciudades
Tecnologías que permitan resistir altas temperaturas:
En zonas expuestas a olas de calor frecuentes, el uso de aditivos térmicos y diseños que reduzcan el estrés térmico puede prolongar la vida útil de las estructuras, evitando intervenciones costosas.
De acuerdo con la GCGA, la masa térmica es una propiedad del hormigón y de la piedra natural capaz de mitigar los impactos de las olas de calor, las cuales se prevé que sean más frecuentes e intensas. Esta característica puede ser aprovechada por diseñadores y arquitectos para aumentar el confort térmico y, en casos extremos, incluso salvar vidas. Asimismo, la masa térmica del hormigón permite reducir la demanda de aire acondicionado y, por ende, el consumo energético.
Un ejemplo de esta aplicación es el proyecto liderado por el académico Claudio Vásquez de la Pontificia Universidad Católica de Chile, denominado “Fachada Solar Térmica Masiva”, desarrollado con hormigón prefabricado. En este caso, la capacidad térmica del hormigón se aprovecha mediante un sistema hídrico inserto en los muros de hormigón armado, optimizando la absorción de calor y regulando la temperatura interior.
Otro caso de gran interés en la actualidad es el desarrollo de fachadas o techos verdes, una tecnología que permite, mediante la incorporación de vegetación en zonas específicas de los edificios, regular la temperatura y contribuir a la creación de espacios verdes en áreas urbanas. Recientemente se publicó el libro “Techos y muros vegetativos en Chile”, liderado por el académico Sergio Vera, donde se plantea esta iniciativa como una propuesta de política pública basada en I+D para su implementación en el país.
Desafíos para Chile y la región
En Chile, la discusión normativa aún está más enfocada en durabilidad tradicional, reciclaje de materiales y emisiones de CO₂, sin integrar explícitamente criterios de resiliencia climática como inundaciones u olas de calor en las normas de diseño o de durabilidad del hormigón.
Esto abre una oportunidad para ampliar perspectivas e incluir en las futuras revisiones normativas criterios derivados de escenarios climáticos proyectados —por ejemplo, mayor frecuencia de temperatura extrema, aumento de humedad relativa o intensificación de ciclos de congelación y descongelación, incluso si para Chile no son los más representativos hoy.
Conclusión
El hormigón continúa siendo indispensable para la infraestructura global, pero ya no es suficiente pensar únicamente en resistencia mecánica o economía de materiales. La resiliencia climática exige innovación en materiales, producción, diseño y normativas especializadas que consideren riesgos asociados a un clima cambiante. Países como el Reino Unido ya están dando pasos importantes con nuevos códigos de construcción y guías específicas de resiliencia. Por su parte, la industria global explora soluciones desde aditivos avanzados hasta mezclas con bio-componentes y materiales de alto desempeño.
Para Chile, integrar estos enfoques en la normativa y en los proyectos de infraestructura puede representar un salto hacia una construcción más segura, duradera y alineada con los desafíos del siglo XXI.
Autora: Valeria F. Moraga D.