
Autor:
Edgar Chacón. Doctor en Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Profesor Asistente de la Escuela de obras civiles de la Universidad Andrés Bello.
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El 24 de junio de 2026, aproximadamente a las 6:05 p. m. (hora local), dos terremotos consecutivos golpearon la región norte-costera de Venezuela. Los sismos desencadenaron fallas y colapsos en numerosos edificios de ciudades densamente pobladas como La Guaira y Caracas. El saldo en pérdidas humanas y materiales, así como el impacto en la población venezolana tanto dentro como fuera del país, lo sitúan como el mayor desastre en la historia reciente de Venezuela.
Un desastre de esta magnitud no se puede explicar con un solo argumento; las causas de la devastación son múltiples y complejas. Con cierta perspectiva, a más de un mes de ocurrido el sismo, persisten tres elementos fundamentales que merecen especial atención:
La amenaza sísmica
El evento en general presentó características atípicas, aunque responde a un escenario que se presume recurrente en la historia del sistema de fallas Boconó-San Sebastián. Aquel 24 de junio se registraron dos terremotos corticales a muy baja profundidad, con magnitudes de 7.1 y 7.5 en la escala de magnitud de momento [1], con una variación temporal inferior a un minuto entre ambos. Algunos investigadores sostienen incluso que no se trató de dos eventos separados, y el USGS actualizó recientemente la localización del epicentro a 17 km de la ciudad de Catia La Mar (Figura 1). Esto último resulta más convincente en función de las intensidades y los datos reportados y observados en el estado La Guaira.

[Fig. 1] Mapa de intensidades del movimiento del terreno. Fuente: USGS [2].
La tremenda demanda sísmica superficial representó un escenario crítico, con intensidades del movimiento del terreno desde muy fuerte hasta extremas a lo largo de la zona de ruptura de la falla (Figura 1). El terremoto tuvo un comportamiento de tipo pulso, con grandes velocidades y efectos de campo cercano que afectaron sobre todo al estado La Guaira. A esto se suman condiciones geotécnicas desfavorables, y es probable que los colapsos y daños severos vistos en La Guaira y Caracas estén asociados a amplificaciones del movimiento del terreno por las condiciones de los suelos. En este sentido, la presencia de suelos de deposición aluvional reciente, el espesor de las capas, su potencial de licuación y un cuestionable acondicionamiento geotécnico previo a la construcción de edificios de mediana altura son hipótesis que requieren una investigación profunda y urgente. Para corroborarlas, será imperativo analizar los reportes oficiales y los registros de aceleraciones, velocidades y desplazamientos cerca de las zonas más afectadas para determinar el impacto real y contrastarlo con las máximas demandas esperadas por la norma sísmica venezolana.
Vulnerabilidad intrínseca de las edificaciones
Venezuela cuenta con normativas sísmicas formales. Por ejemplo, para el diseño de edificios de hormigón armado, especialmente en zonas de alta amenaza, la norma COVENIN 1753-2006 [3] exige el Nivel de Diseño 3. Esto implica cumplir con requerimientos de diseño sismorresistente y un detallado especial para los pilares, vigas y zonas donde se esperan concentraciones de daño sísmico. Sin embargo, es probable que exista una brecha considerable entre el diseño y el control de calidad durante la construcción, aspecto que deberá ser investigado.
Entre los principales factores que incrementan la vulnerabilidad de los edificios construidos en Venezuela se identifican los siguientes:
- Uso de albañilería en paredes: se ha observado mucho daño y/o colapso generalizado de fachadas y cerramientos de albañilería no estructural. Aunque en muchos casos los edificios no presentan fallas estructurales severas, la caída de estos cerramientos representa un riesgo letal durante las evacuaciones y posteriormente los deja inoperativos, dada la cantidad de escombros difíciles de remover (Figura 2).
- Ausencia de mantenimiento preventivo: la escasez de recursos provocada por las crisis económicas de las últimas décadas ha potenciado el deterioro generalizado de las estructuras. Si bien los edificios pudieron ser proyectados y construidos con una capacidad específica, la falta de mantenimiento disminuye su vida útil y su resistencia ante terremotos, especialmente en zonas costeras, en donde la corrosión del acero de refuerzo pudo haber disminuido la capacidad de los edificios de hormigón armado.
- Antigüedad del parque construido: una cantidad significativa de las estructuras colapsadas supera los 30 o 40 años de antigüedad. En este sentido cabe destacar el colapso del Edificio Petunia I (Figura 3) en Los Palos Grandes, Caracas, cuya fecha de construcción data mediados de la década de 1960 y que fue reforzado luego del terremoto de 1967 [4]. Es importante recordar que, después de la aprobación de una norma sísmica, la construcción adopta las nuevas directrices generadas con el conocimiento de la época. Sin embargo, es poco común que se adecúen las estructuras más antiguas a las nuevas normas. En este contexto, es necesario realizar un levantamiento técnico detallado para clasificar los daños según el año del proyecto estructural.

[Fig. 2] Edificio de hormigón armado con daño severo y colapso parcial de los cerramientos de mampostería ubicado en el Estado La Guaira. Cortesía: Francisco Pinto.
Capacidad de respuesta y gestión de emergencias
En las 72 horas posteriores al terremoto, la capacidad de respuesta institucional frente al desastre fue limitada. La carencia de recursos operativos, la falta de coordinación gubernamental y la fragilidad del sistema de salud público conformaron un escenario muy vulnerable que obligó a la población civil a gestionar la crisis con medios propios. En este sentido, hay que destacar la respuesta de la sociedad civil tanto dentro como fuera de Venezuela y la enorme contribución de diversos países que prestaron su ayuda económica y logística para gestionar las acciones ante el desastre.

[Fig. 3] Colapso del edificio Petunia I en los Palos Grandes, Municipio Chacao, Caracas. PNUD [5].
Algunas lecciones para la reconstrucción
Lo visto en Venezuela se alinea con los aprendizajes adquiridos por la ingeniería estructural en terremotos en otras partes del mundo. La reconstrucción del país, en lo que se refiere a la ingeniería estructural, geotécnica y construcción, debe estar marcada por:
- Dar prioridad al diseño por control de desplazamientos laterales: el empleo más recurrente de edificios más rígidos, como aquellos que incorporan muros de hormigón armado bien detallados, ayudará a disminuir la vulnerabilidad estructural y potenciará la recuperación funcional durante futuros terremotos.
- Reforzar los proyectos de microzonificación sísmica: tener bien caracterizados los suelos de todo el país y su respuesta ante las acciones dinámicas permitirá robustecer las normas sísmicas y, por ende, predecir mejor la respuesta de los nuevos edificios y adecuar aquellos que fueron construidos con estándares anteriores.
- Robustecer la inspección de las construcciones: garantizar un control estricto en cualquier tipo de estructura.
Si bien es imposible prever un evento sísmico de esta magnitud, la minimización del riesgo se logra reduciendo la vulnerabilidad estructural y social de las ciudades. Tomando en cuenta las condiciones de Venezuela en los últimos años, un doblete sísmico de estas características produjo un desastre anunciado que marcará el rumbo de este país por décadas. La reconstrucción tiene que estar enfocada en fomentar la cultura sísmica nacional, reforzando las capacidades científicas, técnicas, tecnológicas, logísticas y legislativas instaladas, y si no las hubiere, crearlas. Todo ello en función de entender a Venezuela como un país de alta amenaza sísmica que debe orientar sus políticas en pro de la construcción de resiliencia frente a terremotos y otras amenazas naturales.
Resumen de trayectoria
Edgar Chacón es Ingeniero Civil (2012) y Magíster Scientiae en Ingeniería Estructural (2018) por la Universidad de Los Andes (Venezuela), y Doctor en Ciencias de la Ingeniería (2025) por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Cuenta con amplia trayectoria en la academia, la investigación y la práctica profesional de la ingeniería estructural. Actualmente se desempeña como Profesor Asistente en la Universidad Andrés Bello (Santiago, Chile) y cuenta con experiencia docente previa en la Universidad de Los Andes de Venezuela. Su línea de investigación se centra en el comportamiento sísmico y la capacidad de deriva de muros de hormigón armado, respaldada por campañas experimentales y una pasantía de investigación en la Universidad de Canterbury. En el ámbito profesional, posee vasta experiencia en el diseño estructural de edificaciones y puentes en América Latina, así como en la supervisión técnica de obras complejas como puentes segmentales pretensados y puentes metálicos lanzados.
Referencias
[1] S. Geological Survey. (2026, 28 de julio). M 7.5 - 17 km W of Catia La Mar, Venezuela: Executive [Informe de evento sísmico].
[2] S. Geological Survey. (2026, 28 de julio). M 7.5 - 17 km W of Catia La Mar, Venezuela: ShakeMap intensity [Mapa].
[3] Fondo Venezolano de Normalización y Certificación. (2006). Estructuras de concreto armado para edificaciones: Análisis y diseño (Norma Venezolana COVENIN 1753:2006). FONDONORMA.
[4] MAGLIONE di G., P. y GRASES, J. (2011). Evaluación de la respuesta sísmica de un edificio de 21 niveles durante el sismo de Caracas del 29-07-1967 y la revisión de sus estructuras reforzadas en 1968. Tekhne, Revista de la Facultad de Ingeniería, UCAB, N° 14, 19-39, ISSN: 1316-3930. Caracas.
[5] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. (2026, 26 de junio). Venezuela registra pérdidas económicas de USD 6.700 millones por los terremotos, según estimaciones del PNUD [Comunicado de prensa].